Alan Garcia; otro gobierno populista que se desmorona.
Cuando se produjo la convocatoria del Frente Nacional por la Vida y la Soberanía a un Paro Nacional para los días 7, 8, 9 de julio último, el gobierno de Alan García subsistía en ruinas con el gabinete ministerial de Yehude Simon censurado por el Congreso (52 votos contra 36) y también por la opinión pública nacional.
Alan García había retrocedido después del genocidio perpetrado en la amazonía y a tanto llegó su miedo a perder la presidencia de la república (los negocios rentables) que salió a la TV a anunciar momentáneamente (como acostumbra) la reconciliación del país mediante la derogatoria de los decretos ilegales 1090 y 1064; luego siguió utilizando al aprovechado oportunista Yehude Simon en los estertores de su muerte política para crear una multiplicidad de “mesas de diálogo.” Perseguía, el presidente, a no dudarlo, apagar los incendios en las praderas. Si el primer ministro censurado –Yehude Simon- se iba de todas maneras ¿cuál fue la intención de Alan García de empujarlo a conversar con los pobladores enardecidos por los asesinatos de los nativos y policías y por la expropiación de sus tierras en la selva y en la sierra? Una sola respuesta cabe en la vitrina de la tormenta política desatada: burlarse de todos los peruanos para seguir en las mismas.
De los escombros de su gobierno y de su casi próxima caída, Alan García aprovechó la confusión temporal para volver a la carga con un manido artículo: “A la fe de la inmensa mayoría” donde echaba la culpa de su incompetencia gubernamental, los asesinatos en la selva y de su pertinaz entreguismo a las empresas transnacionales, a complots internacionales, potencias extranjeras y a la existencia de una “guerra fría” continental donde él, preclaro hombre de Washington y la Casa Blanca, era la sacrificada víctima de los embates levantiscos. Luego, manteniendo en el aire a Yehude Simon, esperó el Paro Nacional de los días 7, 8, 9, de julio donde ya el centralismo limeño dirigencial había tirado la esponja retrocediendo a una jornada de lucha para el día 8, toreando así el paro de tres días Andino-Amazónico. En esta misma coyuntura, en un artículo anterior llamé “dos direcciones una sola lucha” cuando los dirigentes políticos, regionales, sindicales y estudiantiles, exigidos por la masacre de Bagua, se movilizaron en viril respuesta contra la criminal arremetida del gobierno en la amazonía. Y es que en el fondo mientras las regiones y los frentes políticos exigían la vacancia presidencial por incapacidad moral, el cambio de gobierno y una Asamblea Constituyente, los limeños pedían sólo el cambio de la política económica y un alto a la represión masiva de los sectores populares como si, con Alan García de presidente, fueran posibles estas variaciones.
El gabinete ministerial luego del paro andino-amazónico fue remendado con elementos impresentables como Javier Velásquez Quesquén, Aurelio Pastor, Nidia Vílchez, Octavio Salazar y el “Opus Dei” Rafael Rey entre otras perlas, con lo cual se dio pase una especie de gabinete ministerial del comando paramilitar Rodrigo Franco bajo la batuta, tras bambalinas, del “expulsado aprista” Agustín Mantilla, otrora brazo derecho de Alan García. Unos comentaristas, ante este insólito hecho de nombrar a la resaca de la mafia partidaria, ningún profesional serio o político de prestigio podría haber aceptado un nombramiento de García Pérez, dijeron que era un gabinete de confrontación y otros salieron con que era más de lo mismo cuando, en realidad, estábamos y estamos frente a lo peor de lo mismo. Y por supuesto, el seráfico llamado a la reconciliación nacional de Alan García pasó al olvido en un instante, pues así recompuesto el gobierno, con el grupo de choque del partido, volvió a la carga contra el pueblo y su dirigencia representativa. Las “mesas de dialogo” del defenestrado Yehude Simon quedaron desactivadas como los esperpentos de las “mecedoras” que fueron. El mayordomo de palacio, Javier Velásquez, convertido en primer ministro se encargó de la tarea de abandonar los diálogos con los nativos amazónicos, con los frentes regionales de Ayacucho, Andahuaylas, Canchis, Chumbivilcas, Puno, etc. manifestando que como “demócrata” no podía sentarse a dialogar con dirigentes que pedían vacancia presidencial, adelanto de elecciones, derogatoria de decretos leyes y la anulación de contratos lesivos al país en cuanto a inversiones y medio ambiente. Y no contento con el quebrantamiento de las promesas de su colega Simon, aquellas de dialogar y buscar la paz, inició a través de las fiscalías judiciales una persecución política a los dirigentes y por medio de las hordas apristas empezó a conformar dirigencias paralelas, con el mismo nombre de las organizaciones representativas de los trabajadores, campesinos y nativos, entes ilegítimos y corruptos con las cuales sí estaría dispuesto a “conversar.”
En el nuevo tinglado de Alan García, anunciando a su nuevo gabinete ministerial como el último de su gestión bajo el lema de “mantenimiento del orden, inclusión y respeto al principio de autoridad,” Javier Velásquez prometió poner freno a las protestas sociales y a la movilización popular, por supuesto, sin atender las demandas postergadas debido al pedido engañoso del gobierno de dialogar y buscar la reconciliación nacional. De esta manera, descabezando el movimiento popular, enjuiciando a los dirigentes, burlando los compromisos asumidos, este gobierno en ruinas pretende resucitar desde sus escombros para volver a la ofensiva imponiendo el desgastado programa neoliberal extremista, en medio de la corrupción, la descomposición del Estado y la degeneración política. Según la oficina de prevención y resolución de los conflictos sociales perteneciente a la Defensoría del Pueblo, las conflagraciones sindicales, regionales y corporativas llegaron este año (2009) a 273, estableciéndose 32 mesas de dialogo, la mayoría de ellas después de los estallidos de violencia. ¿Piensa el gobierno aprista burlarse de todas estas negociaciones pendientes con este gabinete ministerial “peor de lo mismo” y el trivial y frívolo discurso presidencial dado el 28 de julio por las fiestas patrias? Tal pareciera porque frente a este escenario polarizado, que no soporta más inacción, Alan García no ha dicho nada.
La resignada expectativa terminó el 28 de julio, pues la espera sirvió para descubrir lo ya descubierto –programa neoliberal extremista y todas las promesas incumplidas del cambio responsable- lo cual no tiene ninguna gracia. Así las cosas, quienes todavía, haciendo un esfuerzo desesperado, aguardaban un atisbo de cambio en la política del gobierno se fueron de narices. Algunos analistas creen que Alan García está loco por enfrentarse como se enfrenta a los pobladores, sin reconocer errores graves como el genocidio de Bagua, alrededor del cual dilata una investigación imparcial, internacional y verídica; pero no, de loco no tiene nada, excepto, la prepotencia, la intolerancia y la arbitrariedad, propias de cualquier déspota y mandón fascista. La CGTP en su papel de siempre, como si estuviera frente a un demócrata cabal y comprensivo anunció antes del discurso de 28 de julio lo siguiente: “Urge señor Presidente, una sincera rectificación de errores y de apreciaciones sobre la crisis económica y política que afronta el país. Urge tomar medidas entre todos los peruanos para enfrentar los efectos nocivos de la crisis mundial. Urge, más allá de la retórica, una verdadera reconciliación en base a la verdad y la justicia.” De cierta manera, entre otros pedidos de su comunicado oficial, la CGTP está en el papel reivindicativo propio de cualquier central sindical. Y es bueno aclarar que, precisamente, allí reside el problema de la última movilización popular de los días 7, 8, 9, de julio, por cuanto la central de los trabajadores no tiene la culpa de la ausencia de los partidos políticos y de los programas, que son los llamados a asumir la lucha de conjunto contra un gobierno deslegitimado, impopular y manchado de sangre inocente (policías y nativos.) La CGTP se confunde cuando quiere asumir el mando de una dirección política nacional sin corresponderle, puesto que una central de trabajadores, en última instancia, jamás podrá reemplazar la función inherente a los partidos políticos cuyos objetivos finales son asumir el gobierno.
Paro Nacional, tarea inconclusa
Demás está insistir en que Alan García cambie de política económica, más aún cuando el gran problema nacional es él. Además, cuando los destinos del país están en juego no pueden perdonarse falsedades y menos las más graves y consecutivas. Un fascista consumado, manchado de sangre en los genocidios ordenados por él, jamás se va a rectificar. Los acontecimientos posteriores al paro andino-amazónico (cambio de ministros-discurso presidencial) dejaron en suspenso la lucha principal planteada por el Frente Nacional por la Vida y la Soberanía: vacancia presidencial, adelanto de elecciones y asamblea constituyente, en tanto y en cuanto Alan García no va a cambiar el rumbo se su gobierno y persiste en agredir a los sectores populares. El nombramiento del grupo de choque del partido, ascendiéndolo a nivel ministerial, no es casual. En el orden del día está la política de desactivar la arremetida popular de las última semanas, responsabilizando de las huelgas, las tomas de carreteras y el masivo descontento social a los sectores, las regiones y sus gobiernos, inclusive provinciales y distritales; ya el primer ministro Velásquez Quesquén lo había adelantado y fue confirmado por Alan García en su discurso de 28 de julio. A buen entendedor pocas palabras, el gobierno central con Alan García a la cabeza y sus decretos legislativos de remate del país al mejor postor crea y multiplica los problemas políticos y sociales, y deben ser los ministros, los presidentes regionales y los alcaldes quienes enfrenten, junto a la Fuerza Armada y la Policía, la conmoción social y las revueltas. Nada de “mesas de diálogo” de alto nivel con el primer ministro o el propio presidente en juego, ello se acabó es la consigna de palacio de gobierno.
Con la palabrería hueca del último 28 de julio Alan García pretende un borrón y cuenta nueva. Si hasta parecía que recién estaba iniciando su gobierno y que los pobres peruanos, ignorantes, atontados e incapaces de comprender por sí y ante sí, no se acordaban de las promesas incumplidas, ni de las frases esculpidas propaladas a todo pulmón por los serviles medios de comunicación: “cambio responsable,” “transparencia y responsabilidad fiscal,” “no a la tarifa básica telefónica,” “seguridad ciudadana,” “sierra exportadora,” “pacto social,” “lucha anticorrupción,” “no al carnet aprista en las contrataciones,” etc. etc. Entonces, en la creencia de que los peruanos son unos caídos del níspero, Alan García sacó de la manga dos términos tenebrosos: “descentralización popular” y “núcleos ejecutores” en la perspectiva siempre nefasta de mantener y consolidar el programa neoliberal extremista de su gobierno y el carácter fascista como expresión política. ¿A qué viene la descentralización popular llevándose de encuentro la descentralización administrativa del país, todavía no ejecutada, a través de las regiones? ¿Qué clase de descentralización puede haber cuando el ente encargado de “descentralizar” es FONCADES, organismo re-contra centralizado en manos de un lugarteniente de Agustín Mantilla, el tal Carlos Arana, eliminado como viceministro de Vivienda por malos antecedentes y corrupción? ¿Los llamados “núcleos ejecutores” no son acaso la resurrección de los grupos apristas PAIT de su primer gobierno, financiados por el Estado para pequeñas obras municipales de limpieza, resaneamiento de pistas veredas y parques? ¿Acaso no existe una prueba de ineficiencia total y absoluta, y de corrupción generalizada, al haber querido reemplazar las tareas de la región Ica con el FORSUR, dependiente del gobierno central, en la reconstrucción de Pisco, Chincha e Ica, después del terremoto?
Alan García no piensa en el país sino en sus bolsillos y los de sus secuaces. No ha servido, no sirve ni servirá para nada como presidente de la nación. Él sólo busca terminar su gobierno a como dé lugar; y la otra ocurrencia de cambiar la mitad del Congreso a mitad del mandato legislativo es un acto de demagogia tardío. ¿Por qué no se le ocurrió tan brillante idea al inicio de este desastre nacional que es su segundo gobierno como lo fue el primero? Si así hubiera sido, por lo pronto no tendríamos el lamentable Congreso que tenemos y ya para esta segunda etapa de su periodo presidencial hubiéramos vacado su gobierno con un nuevo cuerpo de representantes. A pesar de la satanización al movimiento popular, a pesar de las acusaciones febles a los dirigentes perseguidos, a pesar de los inventos de “terrorismo” para amedrentar, a pesar de las amenazas y la represión sangrienta, a pesar de los montajes de complots y guerras frías internacionales, a pesar de la desinformación de los medios de comunicación, la crisis de gobernabilidad y los conflictos sociales van a continuar, pues el gobierno tiene una misión antinacional depredadora y expoliadora de los recursos naturales a favor intereses imperiales transnacionales. De todo aquello, nadie tiene la menor duda. Y enfrentar pueblo contra pueblo con sus “núcleos ejecutores” como pretende García Pérez chocará con los auténticos intereses populares y nacionales.
En las circunstancias descritas ¿qué significa defender el sistema democrático? ¿Existe realmente este sistema democrático o lo que tenemos es la armazón de un régimen corrupto, degenerado y compulsivo en cuanto a la defensa de intereses particulares? Aquí realmente se mantiene una estructura neocolonial corrompida y putrefacta que enfrenta al movimiento popular democrático y nacional. El genocidio de Bagua, los decretos legislativos inconstitucionales, los conflictos laborales y sociales, la persecución política y judicial, la pobreza extrema, la falta de empleo, los bajos salarios y todos los problemas regionales de Arequipa, Cusco, Puno, Cajamarca, Junín, Andahuaylas. La Oroya, etc. obedecen a la defensa irrestricta del modelo neoliberal extremista llevado a cabo contra viento y marea. Por todo ello, más temprano que tarde el problema peruano se resolverá en las calles como sucedió en Bolivia, Ecuador y Argentina. Esta vez advertidos de la inminente agresión gubernamental de los próximos días, la movilización popular deberá tener una dirección política única que, como hemos señalado no corresponde exclusivamente a la CGTP sino a los partidos políticos de oposición y a los frentes regionales, donde la central de trabajadores será un soporte. Toda vez que la CGTP, en cualquier caso, tiene como referente a cualquier gobierno (antes fueron Belaúnde, Fujimori, Toledo, hoy García) y su lucha es más reivindicativa que político-ideológica por la función misma que debe desempeñar; en cambio si los partidos políticos o el partido de masas piensan en serio constituirse en gobierno, su referente no es gobierno alguno sino la ideología y el programa alternativo. Un movimiento popular sin dirección política centralizada sólo conduce a la derrota y al mantenimiento del status quo. El griterío no puede reemplazar al discurso político programático, serio y creíble.








